
Hola Mami, no acostumbro escribirte y por lo general tampoco acostumbro decir lo que siento por ti, es por eso que he decidido no esperar más y contarte todo lo que tengo aquí para ti.
Desde niña he sabido que eres una mujer muy luchadora, siempre vienen a mi mente recuerdos fugaces de cómo trabajabas todos los días sin descanso para darnos lo mejor a José y a mí. Es así como aparece en mi mente la memoria de un almuerzo, cuando yo era muy pequeña, te sentía angustiada, no sabía que pasaba, todo parecía ser normal, hasta que me di cuenta que las porciones en nuestros platos eran más pequeñas; entonces comprendí lo que pasaba. Cómo me angustia ahora saber que hubo épocas tan difíciles, y que, sin embargo, nunca me faltó nada, ni comida, ni ropa, ni zapatos, hasta los juguetes tan bonitos que tenía.
Las cosas materiales no significan nada, eso, lo aprendí de alguien muy sabio, y es por eso que sin importar lo que aconteciera, lo más fuerte era y sigue siendo ese lazo que nos une.
Si te soy honesta, no sé de donde sacas tantas fuerzas, tu voluntad y entereza son parte de quien soy y me pregunto si algún día podré llegar a ser la mitad de valiente que tú.
No puedo dejar de lado “algo” en lo que sí nos parecemos terriblemente, porque puede ser “maldición” o “bendición”, y eso es parte de nuestro temperamento: somos copia fiel, claro, que el mío está un poco diluido por las generaciones, este puede ser traicionero a veces y extremadamente amoroso otras, he aquí parte de las ventajas y desventajas de ser un Jiménez… jejeje
No puedo terminar de agradecer a Dios, el que me haya dado la oportunidad de ser tu hija, porque sé que no sería la misma si no fuera por ti, he aprendido a luchar por lo que quiero y a no dejarme vencer. Por todo esto, GRACIAS mami.
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