
Domingo 16 de enero.
A eso de las 8 de la noche, después de un largo día de trabajo, decidí enviar un mensaje de texto a una amiga que hacía mucho no veía, mi intención era fijar una cita para vernos al día siguiente, finalmente, decidimos ir al cine de Multiplaza del Este, quedamos de vernos a las 6 de la tarde, la película elegida fue: Enredados de Disney.
A la mañana siguiente, me levanté un poco tarde, estaba cansada de haber trabajado siete días seguidos, esa mañana tenía planes de hacer muchas cosas de las cuales solo llegué a hacer una, que fue alistarme para verme con mi amiga.
A las 5:30 de la tarde, estaba lista para emprender mi viaje, resulta que me despido de mi mamá, salgo de la casa y me voy a la cochera en busca de mi carro, todo iba muy bien, me monto en el carro, acomodo el bolso en su lugar de siempre, reviso los retrovisores, todo estaba en perfecto estado, ¡excelente!, me pensé y encendí el carro, o por lo menos intenté hacerlo, porque el carro no dio señales de vida.
Ahí me encontraba yo, desesperada de la cólera, no habían pasado dos días desde que había traído el carro del mecánico y parecía que no le hubieran hecho nada, no le gusto que lo “arreglaran” y le pusieran piezas nuevas, que de paso no eran nada baratas, era lógico que mi bolsillo se resintiera, pero, ¿el carro? Esto era lo último que me podía pasar.
El tiempo que había reservado para llegar al cine apenas tenía una holgura de 15 minutos, ya llevaba 10 ahí parada, sin nada que pudiera hacer, porque de mecánica no sé nada.
En ese momento lo único que puede hacer fue llamar a mi primo, que es mi mecánico personal, él, me dio varias de instrucciones, de las cuales, solo entendí la mitad, sin importar mi poco conocimiento de la mecánica vehicular finalmente logré encender el carro.
Una vez en marcha, me dirigí al taller de mi primo, ahí, él lo revisó encontrando muy fácilmente el pequeño fallo.
Toda esta tragedia, solo me dejó unos cuantos minutos para llegar al cine, pero sin importar el tiempo, y ya con el carro sirviendo, me puse en camino. Unos minutos después y como por arte de magia o de una muy mala jugada, mi carro empieza a fallar de nuevo, ahora decide que se tiene que apagar, definitivamente ese carro la tenía contra mí.
Ya súper molesta, llamo a mi primo y le digo “Este carro se me está apagando, me tiene harta, esto es una porquería, yo no quiero más este carro, etc, etc, etc”. A lo que mi primo muy calmadamente respondió: Si, ya sé que es…. Me imagino que no notó mi frustración, o la mejor, prefirió no avivar más la llama.
Finalmente, y contra toda posibilidad llegué al cine, mi amiga tenía cara de loca, estaba furiosa, ya la película había comenzado (película que ella ya había visto, y la cual me dijo que era buenísima).
Para no cansarlos con el cuento, mi carro sigue malo, ahora le suena el pito solo, y encima de todo, la película que tanto me costó llegar a ver, resultó ser bastante mala.